¿Sería usted capaz de definir qué es el aburrimiento? Lo sé, no es una tarea fácil. Yo llevo intentándolo desde hace más de una década con un éxito relativo, al igual que muchos otros colegas, expertos en Estudios de Aburrimiento. Sin embargo, aunque no sepa explicar en qué consiste este complejo fenómeno, sabe perfectamente de lo que le estoy hablando; conoce bien el aburrimiento. Con seguridad, se habrá aburrido en algún momento de esta semana, incluso puede que hoy mismo. Quizá se esté aburriendo en este preciso instante, mientras me lee.

Todos nos aburrimos, con más o menos frecuencia, en dependencia del contexto en el que nos encontramos inmersos y de nuestra propia propensión a padecer aburrimiento. ¡Se aburren hasta algunos animales! Existen muchas formas de aburrirse: las pasajeras, en las que el aburrimiento termina cuando introducimos un cambio en el entorno; las duraderas, frente a las que es mucho más costoso desasirse del tedio, o las profundas, esas que evocan un cansancio existencial que despojar la vida de su sentido.

Diferentes en su intensidad y duración, en el peso que recae en su naturaleza exógena o endógena, lo que tienen unas y otras en común es que, cuando se apoderan de nosotros, nos hacen sentir mal, insoportablemente incómodos. El aburrimiento es molesto, tan molesto que no se puede ignorar. Su voz desagradable nos indica que algo está fallando entre uno mismo y el medio. Hacemos cualquier cosa para acallarla, lo que sea, algo constructivo o destructivo, usando los recursos personales y ambientales a disposición. El aburrimiento depende de estas cosas. Por eso, hablar de aburrimiento es, en realidad, hablar de aburrimientos, tantos como experiencias de este, en infinitas circunstancias en las que se combina la persona y el entorno, pueden ser vividas.

He tardado años en llegar a tener una idea medianamente clara de qué es y cómo nos afecta el aburrimiento. Empecé a analizarlo de forma general a propósito de mi tesis doctoral, en la que destaqué su funcionalidad en tanto estado que impide la quietud y que nos hace conscientes de nuestra relación con el medio. Después, me embarqué en un estudio postdoctoral de cuatro años, a caballo entre la Universidad de Harvard y la Universidad Complutense de Madrid, en el que investigué su acepción patológica, cuando se experimenta de forma crónica en determinados contextos y personas. Este arduo trabajo ha culminado recientemente con la redacción de mi primer monográfico La enfermedad del aburrimiento, que se publicará a principios de 2022 bajo el sello de Alianza Editorial.

              Sin embargo, más allá de la teoría, lo que siempre me ha interesado, desde mis primeros pasos en la carrera investigadora, antes incluso de comenzar el doctorado, es llevar a la praxis todo el conocimiento adquirido en la materia, esto es, transferir a la sociedad lo que sé acerca de la experiencia del aburrimiento y de las maneras de mitigar su padecimiento. En particular, me ha preocupado su prevención en entornos en los que, a la hora de afrontar el aburrimiento, el factor personal se empequeñece frente al ambiental: aquellos en los que quienes se aburren dependen casi en su totalidad de que sean otros los que pongan fin a dicho aburrimiento o eviten su aparición.

              Esta circunstancia se observa, por ejemplo, en las residencias de mayores. Muchos de los que viven en estas instituciones sufren aburrimiento crónico, no porque tengan algún trastorno del aburrimiento, sino porque aquellos de los que dependen no consiguen —por cualquiera que sea la razón: la falta de recursos, el desconocimiento o el desinterés— crear un entorno lo suficientemente estimulante y significativo, capaz de satisfacer las necesidades de excitación de sus internos. Están atrapados. Vulnerables, saben que se aburren y conocen qué sería necesario para acabar con el aburrimiento, pero no pueden hacer nada porque no disponen de herramientas para revertir el estado que consume los últimos días de su vida. Ellos no pueden reaccionar, pero, de alguna forma, su aburrimiento nos hace reaccionar a los que estamos fuera. Yo reaccioné.

Hace años que estudio el aburrimiento en los mayores, sobre todo en los que viven institucionalizados. Desde el blog “Envejecer el sociedad” del CENIE, llevo tiempo alertando de que el aburrimiento es un problema serio —tanto como lo es el de la soledad no deseada— al que hay que prestar atención desde el sector geroasistencial. Afecta a dos de cada tres personas mayores, convirtiéndose en un factor de riesgo para su salud física y mental, haciendo peligrar el objetivo de envejecer dignamente. Los estudios realizados hasta la fecha indican que el aburrimiento en los mayores es causa de estados de enfado, irritación, frustración, agitación y nerviosismo, episodios de violencia, desinterés por el mundo exterior, decremento de las habilidades cognitivas y funcionales, desórdenes del sueño y trastornos alimenticios, depresión, soledad, mal uso de medicación y sustancias e incluso ideación suicida. El aburrimiento no es cosa de broma.  

¿No deberíamos prestar más atención a la prevención del aburrimiento en los mayores? Pocos son los investigadores que trabajan actualmente sobre esta cuestión. Una revisión de literatura sistemática que está a punto de ver la luz en la revista Health, Aging & End of Life ha puesto de manifiesto que apenas se están invirtiendo recursos en el mundo para explorar este problema. En España, concretamente, ni un solo proyecto había puesto la mirada sobre semejante inconveniente. ¡Hasta que llegué yo!

Desde noviembre de 2021, he puesto en marcha, como investigadora principal, el proyecto PRE-BORED. Well-being and Prevention of Boredom in Spanish Nursing Homes”, financiado por el programa Marie Skłodowska-Curie Actions (UNA4CAREER, nº 847635) de la Unión Europea, que pretende visibilizar el problema del aburrimiento en las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid, estudiar de primera mano la situación a partir de un estudio de campo y proponer un modelo de prevención inspirado en la filosofía de La Alternativa Edén, la única que, hasta ahora, ha tenido realmente en cuenta el aburrimiento como una de las plagas de la vida residencial.

A través de PRE-BORED se creará una base de datos de trabajos académicos de consulta sobre el aburrimiento en los mayores; una network de asociaciones, agentes sociales y políticos, directivos y trabajadores, investigadores y familiares interesados en la prevención del aburrimiento con la que compartir los avances en este novedoso campo de estudio; se organizarán encuentros para especialistas; se publicará el primer artículo científico de investigación básica de nuestro país para informar sobre la percepción subjetiva del aburrimiento en las residencias por parte de los mayores que viven institucionalizados, y, finalmente, se ofrecerá una guía personalizada a los centros y a los compañeros de cuidado acerca de cómo prevenir el problema del aburrimiento, a través de la formación que ofrece La Alternativa Edén —de la que soy educadora y embajadora— y de manera independiente.

Ambicioso, ¿verdad? Ha de serlo para plantar cara a al monstruo del tedio que habita entre los muros de las residencias. Estoy convencida de que no hemos reparado antes en él porque hemos caído presas del estereotipo que nos dice que las personas mayores no se aburren porque disfrutan de la inactividad y la introspección, que son felices en la estaticidad más absoluta porque ya han hecho todo lo que tenían que hacer. A menudo, nos olvidamos de que en la última etapa de la vida sigue siendo tan necesario como siempre saborear los placeres del ocio, tener proyectos y continuar aprendiendo. Omitimos que cada persona tiene sus gustos, sus preferencias y sus deseos, incluso (¡o precisamente más que nunca!) a los ochenta años.

Tras leer estas líneas, ¿qué piensa ahora del aburrimiento? ¿Le parece un tema de suficiente importancia? ¿Quiere saber más sobre él? Si es el caso, así lo espero, no se pierda el BC Espresso del 15 de febrero de 2022, en el que charlaré con Stephan Biel, de BIEL Consulting, sobre los pasos que debemos dar para ganar la batalla al aburrimiento en el que se sumen muchos mayores institucionalizados en la actualidad. ¡Le esperamos!


Autora:
Josefa Ros Velasco

Universidad Complutense de Madrid
International Society of Boredom Studies
josros@ucm.es | @JosefaRosUCM

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